Hoy me he levantado con una noticia publicada por el diario «El Pais», en el que se analiza el «sadvertising».

Para aquellos que el término no os suene; como a mí, «se refiere a la corriente publicitaria que busca seducir al espectador a través de la melancolía y de la vertiente más triste de la nostalgia» (sic: El Pais, Héctor Llanos Martínez).

Todo ello para celebrar, felicitar o conseguir el máximo impacto en la campaña de Navidad. En definitiva, VENDER.

Esta técnica, la contrapone contra la que parece ir abriéndose paso en el nuevo estilo de intentar vender más, la broma, el gracejo y/o el chascarrillo que nos arranca la sonrisa y nos lleva a compartirlo en nuestras redes sociales o grupos de mensajería instantánea.

Por eso, y como hoy era el día elegido para felicitar las Navidades a todos nuestros parientes, amigos, clientes, conocidos y toda esa panoplia de personas que están más cerca de nosotros ahora que el resto del año; quería hacer una pequeña reflexión, aunque sólo me sirva a mí.

Estas fechas solo y exclusivamente deben de servir para recordar a todos los que de una u otra forma han estado un poco más alejados de nosotros, como a todos aquellos que han estado muy próximos. Que merced a su interacción, hemos conseguido, en algún momento, que anímicamente nos sintiéramos mejor, que esa relación ha conseguido que mejoremos como personas y por tanto que hayamos crecido.

Yo creo.

NO. Yo estoy convencido, que este debe ser el motivo de la felicitación. Dar las gracias al resto del mundo que nos rodea y que a veces consigue que nuestro camino, en este viaje finito, sea mejor.

A todos vosotros, a los que nos habéis acompañado a lo largo de este 2019 y a todos aquellos que no conocemos, pero que es seguro que os aproximareis durante el 2020.

FELICIDADES.